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Estas viviendo?

Publicado: marzo 14, 2016 en Articulos
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Estos días leía una frase el DALA LAMA que me hizo reflexionar hasta el punto de pensar en dejaros solo su frase para esta semana. Creo que me queda poco que añadir a ella. Claro, que entonces sería su artículo y no el mio, y así no respondería yo a mi compromiso para con los lectores de este semanario.

          Sus palabras son las siguientes: Lo que más me sorprende de la humanidad, es el hombre. Porque pierde su salud para ganar dinero, después pierde dinero para recuperar su salud y por pensar ansiosamente en el futuro no disfruta del presente , por lo que no vive ni el presente ni el futuro. Y viven como si no tuviesen que morir nunca… y mueren como si nunca hubieran vivido

¿Qué os parece? Hoy más que nunca nos vivimos a ritmo de no vivir realmente. Sin tiempo para oler las rosas porque necesitamos dinero para comprar perfume con olor a rosa. comemos comida rápida porque no tenemos TIEMPO PARA saborear una buena Comida, así que usamos salsas y aditivos para que nos sepan como si fuesen comidas elaboradas con tiempo. Buscamos bellas fotos para nuestros escritorios de ordenador, porque o podemos ir a ver el paisaje que tenemos en nuestro pueblo y que es único cada día. Y nos comunicamos con miles de amigos ficticios a través de un aparato frío porque necesitamos compartir nuestra vida con alguien, pero o tenemos tiempo para compartir unos momentos de comida en el campo lleno de flores…

No os parece que deberíamos dar un frenazo, parar y bajarnos de este velos coche en el que estamos subidos y que sólo nos lleva a dar vueltas sobre si mismo?

Te propongo que al me os una vez al día! Durante toda esta semana te detengas durante un par de minutos a oler una flor. Saborear un bocado, abrazar a un amigo o decirle a un familiar que lo quieres. Te parecen mucho dos minutos?

Uffff

Hacer lo que te gusta

Publicado: febrero 29, 2016 en Articulos, Música, Salud
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Durante estos días he podido disfrutar de un gran concierto de gentes admirables. Antiguos roqueros que aún tocan, cantan y disfrutan haciéndolo como el primer día. O más.

           imageFue una noche donde a pesar de un frio que no había vivido jamás en Sevilla en mis quince años en esa ciudad, disfrutamos de la música y el buen hacer de unas personas que rondaban los sesenta, o más, algunos pero que transmitían con de 20. Y que hicieron que los que estaban allí, experimentasen la misma metamorfosis juvenil que ellos.

         El frío era de juzgado de guardia. La noche y el viento se empeñaban en helarnos hasta las ideas. Manos, pies, caras, todo lo que no estaba abrigado a conciencia tendía a congelarse. Pero la llama viva del rock andaluz de otros tiempos, más viva aún que antaño, calentaba nuestros cerebros para que las notas musicales y las letras de Triana, Alameda y Medina Azahara, surgiesen en nuestras gargantas y calentasen la noche con música siempre viva.

             Los músicos, entrados en años, a pesar del frio, lo hacían de maravilla. Se notaba que disfrutaban a tope. Se calentaban a medida que iban saliendo notas de sus guitarras, bajos, teclados, baterías y letras de lo más hondo de sus almas, para hacernos volar junto a ellos a un paraíso cálido y lleno de luz como es nuestra Andalucía. Esta que al día siguiente celebraría su día de cumpleaños y que aquella noche, o madrugada, se sentía viva como siempre en las notas de estos grandes músicos.

            Hoy, desde estas letras, te propongo que los imites. Que hagas aquello que te gusta. Que lo disfrutes y que lo compartas. Vivimos en un mundo que, como dice uno de los temas de esa noche, ni el tiempo te puede alcanzar. Vamos rápido, muy rápido. Pero no para disfrutar de la Velocidad, sino para hacer más para tener más, para vivir más años, pero tristemente vivir menos. En este concierto había gente llena de años, pero estos estaban llenos de vida. De experiencias vividas a tope. Disfrutadas, reídas, cantadas y tocadas hasta el éxtasis. Y además compartidas. Compartir aquello que disfrutas dobla su poder de vida. ¿Para qué estamos vivos, si no es para vivir?

               Párate, piénsalo, busca aquello que te hace vibrar, compártelo, enséñalo al que viene más joven o inexperto, hazlo gozar con ello. Y demuéstrale, demuéstrate, que viniste a este mundo a vivir, a recopilar momentos de vida que juntos le darán sentido a esta. Juntos harán que merezcan la pena el resto de esfuerzos que haces durante la vida para conseguir aquello que quieres o necesitas.

Esta semana hemos vuelto a padecer el Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra las mujeres. Sí, he dicho bien “padecer”. Porque no puedo decir celebrar cuando es un día en el que recordamos la barbarie machista. Un día como cualquier otro donde los hombres seguimos pensando que las mujeres son un objeto de nuestra propiedad.

                Ya me gustaría celebrar, esta vez si digo “celebrar”, el Día internacional en que se acabó la violencia contra las mujeres. ¡Sería genial ¡ Muchos pensaremos, bueno, yo no soy violento, yo no pego, no maltrato. ¿Estas seguro?. ¿Alguna vez haz dicho algo como esto?

  • -¡Mujer tenía que ser! (cuando vas al volante)
  • – ¡ A esa rubia le daba yo…! (cuando estás con los amigos)
  • – Hay que ver como son las mujeres… solo dicen tonterías
  • – Me enfadé con mi novia. Quería salir con un escotazo. Sólo se lo digo para
  • protegerla…
  • – Las mujeres tienen más habilidad natural para planchar
  • – ¡Es mi novia, tio! ¡Mi novia! ¿Qué haces bailando con ella?

Todas estas frases, se nos suelen escapar un día u otro. En ellas se habla de posesión, menosprecio, autoridad, poder sobre ellas, saber mejor que ellas como protegerlas, como si no lo pudiesen hacer por si mismas…

Estas frases no sólo son de personas mayores criadas en culturas machistas. Los jóvenes y las jóvenes de hoy día, también las dicen. Bueno, quizá ellos y ellas, más bien las escriben. Sí, claro, ahora ellos escriben mucho, en las redes, en lugar de hablar. Pero las frases son las mismas, los sentimientos los mismos, el menosprecio, la cosificación de la mujer, la pertenencia. ¡La misma!

Con lo que avanza la tecnología, con la multitud de aplicaciones, gadget, monitores de actividad, que tenemos hoy día. Casi para todo. ¿Cuándo inventarán una aplicación que detecte las frases, actitudes y comportamientos machistas y violentos contra la mujer. Y me mande un aviso con alarma y vibración a través de mi móvil o reloj inteligente o pulsera?

Venga, informáticos, ingenieros. Os dejo este reto. ¡Anda valientes! ¿Quién es capaz de crear esta aplicación?

SIN SENTIDO

Publicado: diciembre 7, 2015 en Articulos, Emociones, Suicidio
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Medianoche. Un frío día del mes de enero. Juan, un joven alto, moreno, fuerte, bien parecido. Trabajaba de noche, era vigilante.

    Hoy, cuando se dirigía a la calle, no iba a trabajar. Subió en su nuevo coche rojo, deportivo, como siempre lo había soñado. Sin saber porqué, al sentarse dentro del coche se fijó en uno de sus vecinos. Un señor mayor, con bigote, la cara cansada, los ojos mirando hacia el negro manto del cielo, como pidiéndole que se lo llevara con él. Estaba cansado de vivir. Un día, trabajando en una construcción, se cayó desde una cornisa y lo único que salvó fue su cabeza. Su cuerpo quedó inmóvil, confinado para siempre a una silla de ruedas. ¿Porqué no habría muerto?.sinsentido_de_pensamientos1

       El ruido del motor hizo volver a Juan a sus pensamientos. Ese ruido ronco, potente que en otras ocasiones había hecho vibrar a Juan; hoy no le decía nada, sólo le devolvió a su realidad. Esta noche, Juan sólo pensaba en su última cita con Marga, su novia. El no fue a recogerla esa noche, la esperaba en su Pub de costumbre. Se había adelantado con unos amigos. Ella decidió ir andando. Vivía cerca. Era una joven alegre, sincera, vivía la vida saboreando cada momento, como una buena gourmet. Esa noche, alguien con unas copas de más, en un coche demasiado rápido, acabó con esta intensa pero aún corta vida.

– Si hubiera ido a por ella…

     Eran palabras que Juan se repetía una y otra vez, produciéndole un insoportable sentimiento de culpa.  A partir de ese día, Juan había cambiado. No sentía esas ganas de vivir que ella despertaba en él. En la vida no le iba mal. Coche, trabajo, amigos, buena salud, era un buen deportista. Sin embargo, desde ese día, su vida no tenía sentido, todo giraba en torno a ella. Y ella no estaba.

– ¡Por mi culpa!.

     De acuerdo con su plan, se dirigió hacia la autopista y una vez allí pisó a fondo el acelerador. La velocidad iba aumentando rápidamente y el gran puente colgante se iba acercando imponiendo su inmensa figura en el horizonte. Este era el último paisaje que Juan había planeado ver. Si se lanzaba a toda velocidad desde arriba, todo el sentimiento que lo inundaba cesaría para siempre.

     Justo antes de empezar a subir el puente, la imagen del viejo, en su silla de ruedas, comenzó a dibujarse en su cabeza con más nitidez que nunca. Juan observaba su cara, sus ojos tremendamente expresivos… Desde el accidente en la obra sólo expresaban tristeza. Ya no podía jugar con sus hijos los domingos. No podía hacer el amor con su mujer a la que tanto amaba, pero a la que desde el accidente tenía muy abandonada. Sólo le quedaba esperar la muerte.

      De pronto, Juan se dio cuenta de que la velocidad de su coche había disminuido, el puente, su último paisaje, había pasado. Sin darse cuenta se encontraba a muchos kilómetros de su casa y del maldito puente. Sin saber porqué se había relajado. El viento que entraba por la ventanilla rozaba fresco y aliviador su cara, acariciaba su pelo ondulándolo, liberándolo. Juan dio media vuelta y se dirigió a casa saboreando estos nuevos sentimientos. Esa noche durmió profundamente.

      A la mañana siguiente, temprano, se fue a buscar a su vecino con el que nunca había hablado algo más que un hola o adiós cortés, pero falto del más leve interés. Roque, que así se llamaba su vecino, estaba en el parque de la urbanización. En su silla de ruedas, tomaba el sol de la mañana. Juan, sin decir nada, pero sabiendo que Roque lo observaba, se sentó muy cerca de él; podía oír su respiración. Dirigió su mirada hacia donde Roque parecía estar mirando.

      El sol calentaba suavemente sus rostros. Sólo se oían los pájaros, alegres, de trinos variados. Tal vez esa mañana cantaban con más ganas, mas variados y divertidos. Al menos eso le perecía a ambos, que continuaban sin intercambiar palabras. Aunque sí sentimientos. Como dos viejos amigos que no necesitan hablarse para entenderse. Saben que el uno está allí por el otro, que pueden ayudarse cuando a alguno le hace falta.

      Juan se dio cuenta de que en su cara se dibujaba una sonrisa. Miró a Roque y vio que él también sonreía. Era una de esas sonrisas que muestran aquellos que son felices, que han aceptado su vida tal como le viene y que están dispuestos ha vivirla lo más intensamente posible.

          Tal vez el viejo intuyera que si Juan aquel día estaba allí era por él. Que esa tal vez fuera la razón por la que él no terminó aquel día en la obra. ¿Se habría dado cuenta de que aún tenía mucho que dar y por eso estaba aún allí?. A Juan, a sus hijos, a su mujer…, a sí mismo.

         Juan comprendió lo que Marga le había dicho siempre "…gordi, la vida es para vivirla". Ahora entendió que vivir la vida no es estar ahí esperando que pase, sino disfrutar de cada momento con todo nuestro ser, penas, alegrías, sentirlo todo con toda la intensidad de que seamos capaces. Volcar todo nuestro ser en cada gesto que hacemos, en cada palabra que pronunciamos al que está a nuestro lado.

       Así, aunque perdamos lo más querido, los momentos pasados serán tan intensos que siempre permanecerán vivos con nosotros.

         Con motivo de que esta pasada semana se celebró el día de la diabetes. Os quiero dejar algunas ideas para que, en el caso de la diabetes infantil, seamos lo más eficaces posibles a la hora de llevar esta enfermedad o característica lo mejor posible.
           Para empezar digo característica, porque cuando uno nace con una enfermedad, o se manifiesta en los primeros años de vida, y esta es crónica (mientras no inventemos o descubramos cura), más bien se convierte en una característica de esa persona.
            Por lo tanto, si es una característica de mi hija o hijo, o mía; al igual que otras facetas de mi cuerpo, mente, etc., a lo largo de mis primeros años, será mucho más eficaz que vuelque mis esfuerzos en verlo como algo mío y aprenda como funciona y como hacer que mi vida esté lo más normalizada posible.
             De nada me servirán las lamentaciones, los intentos de ocultarlo, pensar en lo justo o injusto de la situación. Es mucho más eficaz a corto y largo plazo pensar en el “¿cómo?” que en el “¿porqué?”. Hazlo tú o enséñalo a quien tengas a tu cargo.
                  Todos sabemos que si seguimos una serie de hábitos saludables, será menos probable que se nos complique la vida en un tiempo más o menos corto. Pero además aumentará la probabilidad de que estemos a gusto con nuestro cuerpo, mente, emociones, relaciones sociales, etc.
              Los hábitos saludables son una de las más poderosas llaves de una vida plena y con abundancia de momentos felices. Si yo, o mi niño o niña tenemos diabetes desde la infancia, no somos en absoluto distintos en este tema. Así que como decía mi amigo Súper Ratón “No olviden vitaminarse y mineralizarse”. Es decir, buena alimentación, actividad física regular, disfrutar de nuestras emociones, buena gestión de nuestras actividades y descansar profundamente.
             ¿Qué como se duerme profundamente? El genial Martínez Soria, decía que para dormir bien, “nada mejor que poner una pata en Francia, otra en Alemania, los ojos cerrados y la conciencia tranquila”.
¿Cómo dejo la conciencia tranquila? Fácil, incorpora a tus hábitos de salud una libreta y un lápiz. Antes de dormir, anota en una página todo aquello que ahora, justo antes de dormir, ya no puedes hacer nada por ello y le anotas una fecha para su realización. Y en otra hoja. Esto es lo más importante. Todo lo que si has terminado o completado hoy.
              Cuando nuestro cerebro ve que hemos terminado una tarea y la tachamos, automáticamente manda una ración de endorfinas a nuestro torrente sanguíneo, lo que hará que nos relajemos y nos sintamos mejor. Ya sabéis que las endorfinas son esas sustancias que tiene nuestro cuerpo para reforzar aquello que hacemos de forma satisfactoria y eficaz, ¿verdad?
                Por último, como estamos hablando de niños y niñas, los nativos digitales como se les llama.image
Os quiero dejar para vuestro análisis y si os parece uso, una aplicación para móviles que me parece muy interesante. Se trata de una aplicación de cuentos infantiles interactivos donde, entre otras enfermedades, discapacidades o necesidades distintas, hay uno dedicado a la diabetes infantil. Estaría muy bien que la vieses junto con tus hijas e hijos y establezcáis un diálogo sobre cada uno de ellos.
                Se llama: "Bruno y Pumballoo"
Un hábito muy sano y provechoso que podéis adquirir para un rato de relación familiar en casa. O en el campo, claro. Es lo que tienen las nuevas tecnologías.
¡Nos vemos la próxima semana!

Mi artículo en “La Comarca” 

    La semana pasada se celebró el día mundial de la salud mental. Ríos de tinta, imágenes, videos, etc., pudimos encontrar en redes, diarios, televisiones, etc. Unos hablando sobre el estigma de estas personas en nuestra sociedad; los políticos comentando lo mucho que hacen por las personas con enfermedad mental grave, etc.  Todos llenos de palabras bellas en este día y de propósitos para los venideros.
Salud mental. Su día.   Semanario La Comarca

       Incluso yo, sí, yo mismo, estuve en uno de esos programas de radio. Como psicólogo, junto a un compañero trabajador social y el periodista que nos entrevistaba. ¿No os falta alguien en la ecuación? ¿Una persona con enfermedad mental grave?, ¿o leve?
      ¿Por qué no vino? Hablamos de no estigmatizar, pero a ver quién es el guapo, o guapa, que va a un programa de radio en su pueblo a decir que tiene una enfermedad mental grave. Claro, esto forma parte de la intimidad, y de la protección de datos de salud. ¿Y una enfermedad mental leve? Si, con esas que convivimos unos y otras casi cada día. Cómo ir a la radio a decirlo, si casi no nos lo reconocemos ni a nosotros mismos.
          Claro, decir que tienes una rotura fibrilar puede ser hasta interesante, para tener un momento de máxima atención de tus amigos, pareja, etc. Duele, pero durante unos momentos recibiré cariñitos…
           La cosa cambia si digo que tengo depresión, esquizofrenia, trastornos de conducta, ánimo deprimido… Claro aquí los que nos rodean nos ofrecen como mucho una frase prefabricada de “consuelo” y hasta mañana, si nos vemos.
            El lema de la OMS para este día mundial de este año es: “Ponte en mi lugar, conecta conmigo”. Como dicen en Sevilla: “Ofú, no pides tu ná”. Para conectar contigo necesito ponerme en tu lugar. Y no en “tu lugar” con “mis ojos”. Sino como decía el genial Chaplin: “calzarme tus zapatos y andar varias millas con ellos”. Uff. Prefiero silenciarlo. ¡Buenos días, hasta mañana!

         Silenciado no me implico, no veo la necesidad de entender como ves tú el mundo y aceptar que mi visión no es la única. Silenciado no tengo que exigir a los que nos gobiernan que la salud mental, también es salud, también es un derecho y también hay que invertir en ella. No solo los grandes cirujanos que llenan los periódicos salvan vidas. No sólo ellos hacen que merezca la pena que te salven la vida.
            Una mirada, un abrazo, unos oídos que escuchan con empatía, con ganas de calzarse tus zapatos y caminar acompañándote. Unas palabras motivadoras para que vuelvas a luchar por tu vida, por tus sueños, por tu día a día. También esto salva vidas. Hace que merezca la pena vivirla con ilusión; con compañía.
            Cierto es que casi siempre la salida está en nosotros mismos, pero en ocasiones necesitamos ese recurso, profesional, familiar o amigo, que nos ayude a mirar a ese lugar donde está la puerta cuya luz no veíamos.
            ¿Una apuesta? ¿Quién adivina cuando será innecesario dejar de tener un día de la salud mental? ¿Cuándo dejará de ser una salud de segunda?

Mi artículo en el semanario La Comarca. 

       Una forma de explicar cómo los humanos hacemos para que lo que vemos nos haga menos daño a los ojos del alma, es decir que nos ponemos gafas de color rosa para mirar a la vida. Semanario la comarca

      Luego uno se da cuenta de que hay tantos colores en estas gafas del alma como personas estamos en este mundo. Incluso hay personas que además de colores oscuros, dejan que sus gafas se carguen de suciedad para aún ver menos lo que no quieren ver.

      Luego, también existimos personas, que a lo largo de la vida nos empeñamos en formarnos o en aprender de las situaciones vividas y vamos descubriendo la necesidad de limpiar nuestras gafas, de cambiarles el color. Especialmente para ver algunas situaciones que por educación nos habían enseñado a ignorar o ver de determinada forma. Por ejemplo el machismo.

¿Por qué os cuento todo esto? Ayer vi un anuncio donde un hombre que demuestra ser homosexual cuando llega el que parece ser su pareja y le da un beso que todos entendemos como de amor y cariño. Bueno pues el anuncio es de un detergente friegasuelos. Y este hombre es homosexual.

       Automáticamente viene a mi cabeza una pregunta: ¿este anuncio me está diciendo que para fregar los suelos hay que ser mujer o gay? ¿Es un anuncio aparentemente moderno y no machista por que no presenta la típica mujer fregando (y el hombre conduciendo en los anuncios de coche) sino que nos presentan a un hombre? ¿Claro que en este caso es un hombre gay?

O es que mis gafas de ver el machismo las tengo demasiado limpias y lo veo donde no lo hay, o es que me parece que es un machismo aparentemente escondido (yo al menos lo he visto) que nos está diciendo que es el lado femenino de las personas el encargado de fregar?

        Estamos casi en la era del 3.0 y los anuncios siguen amparando y promoviendo los conceptos y roles machistas a diestro y siniestro.  Si la excusa que tienen es que van dirigidos a quién los compra y que la sociedad sigue siendo machista… Como dicen mis hijos ¿no nos lo tendríamos que hacer mirar?

       ¿Tú que piensas? ¿Tienes las gafas limpias o crees que yo me paso con el lustre en las mías?

Mi artículo de la comarca de esta semana.

pienso      El tradicional dicho era “pienso, luego existo”. Pero este dicho nos ha llevado a la sociedad occidental a pensar que “somos lo que pensamos”.

          Así, tendemos a identificarnos con nuestros pensamientos. A creer que somos como pensamos. Sin darnos cuenta, que nuestros pensamientos sólo son un producto, entre otros, de nuestro cerebro. Si nos damos cuenta de esto, de que podemos ser los que deciden sobre lo que piensan, y no los que son lo que piensan; tendremos un gran poder sobre ellos y las emociones que nos producen. Mayor será la habilidad para concentrarnos en lo que nos importa o necesitamos, y no en lo que pensamos.

        Rumiar pensamientos provoca incremento de la ansiedad, ineficacia y enfermedad mental.

            Alguien dijo que deberían habernos hecho la cabeza triangular, para que no fuese posible dar vueltas a los pensamientos. Más allá de la anécdota. Rumiar, es decir remasticar pero no digerir; o dar vueltas a nuestros pensamientos; lo único que podría y suele producir, es mareo y dolor de cabeza.

          Sería mucho más eficaz escribirlo. El papel, al ser plano, nos obliga a ordenar las ideas y las palabras. Nos obliga a poner unas detrás de otras, no unas sobre otras. Cómo sí hace nuestra cabeza.

            Al pasarlas a papel, podemos incluso ponerles puntuación, clasificarlas, ordenarlas temporalmente. Es decir, podremos trazar un plan de trabajo en función de las más importantes, más necesarias, con vencimiento y según la oportunidad de trabajar en cada una de ellas. También veremos que parte de responsabilidad es mía y que parte de otros en cada una de ellas.

              Programar teniendo en cuenta lo anterior, estando esto ordenado sobre el papel y categorizado, es más sencillo y eficaz que cuando todo se amontona en nuestra redonda cabeza. Todo se mezcla; aparece y desaparece. Se hace más importante por momentos y luego menos. Y todo ello a velocidad de vértigo. Deja de empeñarte en ello. No es que no tengas capacidad, es que no la usas de forma eficaz.

          Saca las cosas de tu cabeza. Toma distancia. Programa sin trampas. Luego sólo tendrás que ser lo más fiel a tu programación posible.

        Por cierto. Programa semanalmente, no diariamente. Cuando lo haces por  semanas es mucho más sencillo encontrar huecos para casi todo. Hay ciertas cosas que hay que hacer, que son importantes, que tienen plazo; pero que el tiempo que requieren no cabe en hoy. Pero seguro que a lo largo de una semana si.

Y si te ves apurado, siempre tienes la opción de programar al revés. ¿Cómo es esto?. Fácil, te explico:

           ¿A qué hora entras a trabajar por la mañana?. Supongamos las 8h

          ¿Cuánto tardas en tu aseo y en llegar al trabajo? Una hora. Las 7h

          ¿Cuánto necesitas dormir? 8 horas. las 23.00h

          ¿Que haces antes de dormir y cuanto te lleva? Hacer la comida del día siguiente, cenar y relajarme. 2 horas y media. Las 20.30h

          ¿A qué hora sales de trabajar y terminas de comer cada día?. 17.00h

     “Eah. Pues ya sabes que cada día puedes obtener 3 horas y media para el resto de cosas”. ¡Hey, tres y media, no salen cuatro!. ¡Ni tampoco salen horas de 100 minutos! No intentes hacer trampas con esto, que el reloj es de acero y no se estira.

De nuevo te dejo mi articulo del semanario “La Comarca”

¿Cómo lo llevas? ¿Te subiste a tu balcón?

Hoy te dejo un primera sesión práctica, para que la hagas al menos una o dos veces al día. Sólo dura 5 o 10 minutos. Es mejor empezar por lo fácil. Luego, con la práctica, si lo ves eficaz en tu vida; aumentarás el tiempo.IMG_20150727_103945

Comenzamos:

Busca un lugar sencillo pero cómodo. Pon un temporizador con cuenta atrás para que te avise al finalizar el tiempo que quieras estar en tu balcón. Así no estarás pendiente de la hora. Siéntate en una silla cómoda para empezar. Sin posturas difíciles. Sólo cómodo y sin cruzar las piernas o brazos para evitar que se duerman.

Da al cronómetro y cierra los ojos o mira un punto fijo en el suelo. Ahora, simplemente intenta sentir tu respiración. Sólo sentir. No controlar, no modular, no juzgar, no nada… Sólo sentirla amablemente. Disfruta de ella, nota en tu nariz el aire fresco que entra. Bueno, o caliente en estas fechas. O, si te es más fácil, coloca una de tus manos sobre tu vientre y siente cómo se mueve. Sólo como se mueve. No juzgues si es rápido o lento, grande o chico, es el tuyo y está bien.

Puede que en estos momentos pase algún pensamiento por tu cabeza que te interrumpa. Esto no es bueno, ni malo, no lo estás haciendo mal. Simplemente pasa. Es lo normal en un cerebro vivo. Pero recuerda: ¡estás en tu balcón!. Observa como si vuelves a tu respiración, se marcha calle arriba o calle abajo. Donde él quiera. (Como decía mi abuela, si se mete contigo niño, sólo dile “con Dios”, y déjalo ir) Vuelve a tu respiración. A ese punto donde la notabas y vuelve a mantener en ella tu atención. Tú mandas. Tú decides dónde miras.

Cuando suene tu reloj. Habrás terminado. Abres tus ojos. Te felicitas por lo conseguido y disfrutas de la relajación que tendrás, como consecuencia de haberte permitido unos minutos para tí.

No te preocupes de si el primer día te has distraído mucho o poco. Está bien. Siempre estará bien. Siempre será eficaz para que con la práctica consigas hacer esto durante todo tu día. Aunque estés trabajando o viendo una película. Tu cerebro habrá recuperado su capacidad, que tiene de nacimiento, de colocar la atención en donde tú decidas que es lo más relevante en cada momento. Nada ni nadie debe decidirlo por tí.

Otros días podrás practicar metiendo tus dedos en un cuenco con agua o con arena. como cuando estamos en la playa. Y ver que sientes. Primero los dedos quietos y luego moviendo uno por uno y todos a la vez.

Otro día puedes poner una pasa en tu boca y jugar con ella. Adivinar con tu lengua su textura, su olor, sabor, forma…

Has visto que no te he dicho que pongas música. Si quieres hazlo. Pero sólo será alguien o algo más que pasa por tu calle y que tú, desde tu balcón, decidirás si te concentras en ella o no.

Espero que lo disfrutes y practiques. Luego me cuentas.

Por cierto: es de eficacia demostrada científicamente para regular emociones, conductas, pensamientos, miedos. Aumentará tu capacidad para tomar decisiones con alta probabilidad de acierto. ¡Y no tiene efectos secundarios!

 

         Si pudieses entrar en tu mente, como si de una habitación se tratase, verías un montón de pensamientos, ideas, emociones, imágenes, sonidos, etc.; que continuamente entran y salen de ella. Sin consideración ninguna. Por puertas y ventanas, por el techo, desde el suelo. Algunas también disfrutan dando vueltas dentro de la habitación, sin intención de salir.

       Incluso hay algunas, que están allí desde que eras pequeño. Justo están en los cuatro rincones IMG_20150713_100317 superiores de la habitación y parece que en ocasiones pueden influir en el movimiento de las que están más abajo.

       Nuestra atención, se mueve con ellas. Sube, baja, entra y sale… y además de una manera, aparentemente no consciente y no dependiente de nuestras decisiones. Casi nunca somos conscientes de esto, pero si de una de sus consecuencias: el estrés, la ansiedad acumulada día tras día.

         Así que hoy te quiero dejar una herramienta que tras su aprendizaje y uso continuado (Nadie aprende a escribir el primer día, ¿verdad?); te ayudará muy mucho a decidir donde pones el foco de tu atención y, por lo tanto, dejarás de acumular estrés, a menos que sí quieras hacerlo.

          Se llama “Atención plena” o “Mindfulness” en inglés. Consiste en decidir, en el momento actual, donde pones tu atención. Como el momento actual quiero decir en este minuto, no en la situación actual del país, claro. Es algo así como lo que me decía mi abuela, de niño, cuando mis hermanos y yo dábamos más ruido de la cuenta: “…anda niños, salid un rato al balcón a ver las mozas pasar”.

        Esa sensación de estar en el balcón, lo suficiente lejos de todo lo que pasa por la calle como para que no te haga daño; pero suficientemente cerca como para ver con claridad todo y todas las que pasaban. Incluso oler algún perfume, oír algún atisbo de conversación en el instante del paso, etc. Con la capacidad para decidir si me interesaba más mirar hacia derecha o izquierda, a lo lejos o cerca. Si me concentraba en la reluciente moto nueva de Juanito, o en la joven de gratas curvas y lindos ojos azules…

        Con la práctica de esta forma de meditación, subirás a tu balcón en cualquier momento de tu día a día que te haga falta. Serás tu el que decida en que concentras tu atención de todo aquello que está pasando en cada momento.

          También aprenderás que lo que ya ha pasado por tu calle, por mucho que estires el cuello, no lo verás. Que lo que aún no ha pasado, no podrá dejarte, en este momento, ni su aroma, ni su mal sabor. Y que, si a pesar de todo te empeñas en estirar el cuello, en breve te darás cuenta de que te estás perdiendo lo que sí pasa por tu calle. Descubrirás que esto último, perder lo que sí tienes, no te interesa. Porque tus piropos sólo los podrán escuchar las chicas o los chicos que estén pasando. Ni el que pasó, ni la que pasará. Sobre lo que no está, no puedes hacer nada.

Te interesa la idea. Pues vamos con ello…

        O mejor no. Prefiero que analices estas palabras e ideas, lo intentes por tu cuenta, y la próxima semana te escribo una sesión inicial de Mindfulness, para que vayas practicando.

   Ánimo. Es más sencillo de lo que parece.