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           En estos días pasados, dentro de las actividades de un experto en psicología de emergencias que estuve realizando; tuve la suerte de leer el libro “Saber que se puede, 20 años después”. Un interesantísimo libro de Irene Villa. Psicóloga y periodista en la actualidad, pero que, como nos describe en el libro, fue víctima de la barbarie de ETA. Esa banda de asesinos que perdieron el norte de sus vidas buscando ser los dueños del norte de España.

Sin duda fueron y son objeto de muchos odios en muchos lugares de nuestra Schnuffelienchen - Küss mich, halt mich, lieb michgeografía, y seguro que incluso fuera. Odios que, aunque de otra forma, casi todos vemos que surgen en nuestra vida por unas u otras causas. Por unas u otras personas que nos rodean y que hacen algo que no creemos justo, que no nos merecemos, que no entendemos por qué lo hicieron, o lo hacen.

Pero, esta semana, no quiero hablaros del odio, sino del perdón. Porque Irene, la autora de este libro dedica un capítulo de su libro al perdón. Explica muy bien que el perdón no consiste en aceptar y entender al causante y su causa, sino que es más necesario por la afectada misma. Ella debe pasar y quiere, página del rencor, del odio, del deseo de venganza. Todo esto supone un gran gasto de energías para la afectada.

Mantener el odio vivo necesita más leña que el fuego del amor a uno mismo. Y lo peor es que sólo tenemos leña para alimentar un fuego, por lo que debemos decidir cuál alimentar: nuestro amor propio o el odio ajeno. Cerrar el capítulo del odio y la venganza supone una liberación para vivir nuestra propia vida, no la del otro.

A algunas personas les cuesta más perdonar. Aceptar que alguien con premeditación quisiera hacer daño. No han recibido ayuda para ello. No han truncado tanto su vida, como pasó a Irene, como para verse en la obligación de decidir entre echar leña a un fuego u otro. Piensan que pueden seguir echándolo a los dos. Pero esto las consume. Esto las hace que hasta que no den ese paso del perdón, no puedan ver la plenitud de sus vidas. El fuego del odio, quema más al que odia.

Y, como dice la autora, y mi experiencia como psicólogo sanitario o de emergencias me hace ver “… no creo que el tiempo sea el que todo lo cure. Es la mente la que se encarga de hacerlo. Por mucho tiempo que pase, si tu mente no da un giro, no se soluciona nada”.

¿Qué decides tú? ¿Te apuntas a los que deciden vivir su vida libres sin la carga de la persona o la situación odiada?

Hazlo, libérate.

En esta guía, os dejo unas pautas breves para afrontar los momentos iniciales y los días siguientes a un accidente de tráfico masivo (autobús, tren, etc). Está pensada tanto para las victimas como para aquellos profesionales de los distintos cuerpos de atención (policía, bomberos, sanitarios, etc).
La rapidez de los conceptos viene determinada por la necesidad de hacer esta guía en un tiempo de 2 minutos, para facilitar su mayor difusión en distintos medios. En otra ocasión os dejaré algo más extenso y explicado con más detenimiento. Pero como idea general para tener una idea de que hacer, pienso que puede venir bastante bien.

Aunque si quieres, en los comentarios, puedes dejar tu opinión o tus necesidades para la siguiente.

Guía psicoeducativa para victimas e intervinientes de accidentes de tráfico masivos from Rafael Mudu on Vimeo.

Mi artículo de la comarca de esta semana.

pienso      El tradicional dicho era “pienso, luego existo”. Pero este dicho nos ha llevado a la sociedad occidental a pensar que “somos lo que pensamos”.

          Así, tendemos a identificarnos con nuestros pensamientos. A creer que somos como pensamos. Sin darnos cuenta, que nuestros pensamientos sólo son un producto, entre otros, de nuestro cerebro. Si nos damos cuenta de esto, de que podemos ser los que deciden sobre lo que piensan, y no los que son lo que piensan; tendremos un gran poder sobre ellos y las emociones que nos producen. Mayor será la habilidad para concentrarnos en lo que nos importa o necesitamos, y no en lo que pensamos.

        Rumiar pensamientos provoca incremento de la ansiedad, ineficacia y enfermedad mental.

            Alguien dijo que deberían habernos hecho la cabeza triangular, para que no fuese posible dar vueltas a los pensamientos. Más allá de la anécdota. Rumiar, es decir remasticar pero no digerir; o dar vueltas a nuestros pensamientos; lo único que podría y suele producir, es mareo y dolor de cabeza.

          Sería mucho más eficaz escribirlo. El papel, al ser plano, nos obliga a ordenar las ideas y las palabras. Nos obliga a poner unas detrás de otras, no unas sobre otras. Cómo sí hace nuestra cabeza.

            Al pasarlas a papel, podemos incluso ponerles puntuación, clasificarlas, ordenarlas temporalmente. Es decir, podremos trazar un plan de trabajo en función de las más importantes, más necesarias, con vencimiento y según la oportunidad de trabajar en cada una de ellas. También veremos que parte de responsabilidad es mía y que parte de otros en cada una de ellas.

              Programar teniendo en cuenta lo anterior, estando esto ordenado sobre el papel y categorizado, es más sencillo y eficaz que cuando todo se amontona en nuestra redonda cabeza. Todo se mezcla; aparece y desaparece. Se hace más importante por momentos y luego menos. Y todo ello a velocidad de vértigo. Deja de empeñarte en ello. No es que no tengas capacidad, es que no la usas de forma eficaz.

          Saca las cosas de tu cabeza. Toma distancia. Programa sin trampas. Luego sólo tendrás que ser lo más fiel a tu programación posible.

        Por cierto. Programa semanalmente, no diariamente. Cuando lo haces por  semanas es mucho más sencillo encontrar huecos para casi todo. Hay ciertas cosas que hay que hacer, que son importantes, que tienen plazo; pero que el tiempo que requieren no cabe en hoy. Pero seguro que a lo largo de una semana si.

Y si te ves apurado, siempre tienes la opción de programar al revés. ¿Cómo es esto?. Fácil, te explico:

           ¿A qué hora entras a trabajar por la mañana?. Supongamos las 8h

          ¿Cuánto tardas en tu aseo y en llegar al trabajo? Una hora. Las 7h

          ¿Cuánto necesitas dormir? 8 horas. las 23.00h

          ¿Que haces antes de dormir y cuanto te lleva? Hacer la comida del día siguiente, cenar y relajarme. 2 horas y media. Las 20.30h

          ¿A qué hora sales de trabajar y terminas de comer cada día?. 17.00h

     “Eah. Pues ya sabes que cada día puedes obtener 3 horas y media para el resto de cosas”. ¡Hey, tres y media, no salen cuatro!. ¡Ni tampoco salen horas de 100 minutos! No intentes hacer trampas con esto, que el reloj es de acero y no se estira.

 

         Si pudieses entrar en tu mente, como si de una habitación se tratase, verías un montón de pensamientos, ideas, emociones, imágenes, sonidos, etc.; que continuamente entran y salen de ella. Sin consideración ninguna. Por puertas y ventanas, por el techo, desde el suelo. Algunas también disfrutan dando vueltas dentro de la habitación, sin intención de salir.

       Incluso hay algunas, que están allí desde que eras pequeño. Justo están en los cuatro rincones IMG_20150713_100317 superiores de la habitación y parece que en ocasiones pueden influir en el movimiento de las que están más abajo.

       Nuestra atención, se mueve con ellas. Sube, baja, entra y sale… y además de una manera, aparentemente no consciente y no dependiente de nuestras decisiones. Casi nunca somos conscientes de esto, pero si de una de sus consecuencias: el estrés, la ansiedad acumulada día tras día.

         Así que hoy te quiero dejar una herramienta que tras su aprendizaje y uso continuado (Nadie aprende a escribir el primer día, ¿verdad?); te ayudará muy mucho a decidir donde pones el foco de tu atención y, por lo tanto, dejarás de acumular estrés, a menos que sí quieras hacerlo.

          Se llama “Atención plena” o “Mindfulness” en inglés. Consiste en decidir, en el momento actual, donde pones tu atención. Como el momento actual quiero decir en este minuto, no en la situación actual del país, claro. Es algo así como lo que me decía mi abuela, de niño, cuando mis hermanos y yo dábamos más ruido de la cuenta: “…anda niños, salid un rato al balcón a ver las mozas pasar”.

        Esa sensación de estar en el balcón, lo suficiente lejos de todo lo que pasa por la calle como para que no te haga daño; pero suficientemente cerca como para ver con claridad todo y todas las que pasaban. Incluso oler algún perfume, oír algún atisbo de conversación en el instante del paso, etc. Con la capacidad para decidir si me interesaba más mirar hacia derecha o izquierda, a lo lejos o cerca. Si me concentraba en la reluciente moto nueva de Juanito, o en la joven de gratas curvas y lindos ojos azules…

        Con la práctica de esta forma de meditación, subirás a tu balcón en cualquier momento de tu día a día que te haga falta. Serás tu el que decida en que concentras tu atención de todo aquello que está pasando en cada momento.

          También aprenderás que lo que ya ha pasado por tu calle, por mucho que estires el cuello, no lo verás. Que lo que aún no ha pasado, no podrá dejarte, en este momento, ni su aroma, ni su mal sabor. Y que, si a pesar de todo te empeñas en estirar el cuello, en breve te darás cuenta de que te estás perdiendo lo que sí pasa por tu calle. Descubrirás que esto último, perder lo que sí tienes, no te interesa. Porque tus piropos sólo los podrán escuchar las chicas o los chicos que estén pasando. Ni el que pasó, ni la que pasará. Sobre lo que no está, no puedes hacer nada.

Te interesa la idea. Pues vamos con ello…

        O mejor no. Prefiero que analices estas palabras e ideas, lo intentes por tu cuenta, y la próxima semana te escribo una sesión inicial de Mindfulness, para que vayas practicando.

   Ánimo. Es más sencillo de lo que parece.

Mucha gente piensa que los artistas nacen así. Que tienen algo especial. Y por lo tanto, los demás no lo tienen. Sin embargo, la ciencia nos dice, que a la hora del nacimiento, nuestros cerebros son prácticamente identicos. Genéticamente casi idénticos.

El cambio vendrá después. Con lo que veas, lo que oigas, lo que hagas.

El oido, la vista, la creatividad, la imaginación, la emoción, el corazón, la inteligencia. Son los requisitos básicos para ser artista. Unos un poco más desarrollados y otros un poco menos, al nacer. Pero todos tremendamente plástico y desarrollables. Es cierto que hay personas que ya nacen sin alguno de ellos. Pero tienen más, ¿verdad?

Teniendo la materia prima, ya sólo falta el desarrollo a través de la práctica. Como todo lo que hacemos en la vida. Nos empeñamos en aprender a escribir durante muchos años de nuestra vida. Al final sale, casi solo. Nos empeñamos en aprender a sumar, a conducir, a leer, los verbos. Durante muchas horas de nuestra vida. Incluso ponemos mucho interés y dedicación en “no fallar”, no cometer errores. No equivocarnos. Aprendemos por empeño durante muchos años a ver lo negativo para evitarlo. Así nos va.

Nuestro cerebro no entiende el “¡no pienses en esto!”. “¡evita este fallo!”. Entiende de lo relevante y lo no relevante para mi. Si yo pienso en evitar darle al aro a tirar a canasta. Estoy mirando al aro, estoy haciendo relevante el aro. ¿Donde mandará mi cerebro la pelota a través de mis manos?

Sabiendo esto, ¿no sería mucho más inteligente decirle a nuestro cerebro lo que “sí” quiero hacer? Mirar al agujero por donde quiero que entre el balón, aumenta la probabilidad de que lo consiga mucho más que si miro al aro para evitarlo.

De esta forma, si quiero estar feliz, estar alegre, vivir con optimismo a lo largo de mi vida. ¿No sería mucho más inteligente, concentrar mi cerebro, mi foco de atención y, por lo tanto mis acciones, en lo positivo, en lo creativo, en lo alegre?

Si yo dedico mi tiempo a aprender a pintar disfrutando de ello; en lugar de a ver cuántos fallos he cometido mientras lo hago. A disfrutar de las primeras notas de mi instrumento, a sentirme feliz con ello. ¿No crecerá más mi autoestima que si pienso en el último pitido molesto que me salió? Si quiero ser mejor amigo de mi mismo, ¿no debería concentrarme más en mis potencialidades y agradecerme lo que si me sale bien, que concentrarme en castigarme por lo que no sale aún tan perfecto?

Dedicar tiempo y esfuerzo a lo artístico provoca que mi creatividad aumente, que mi autoestima aumente, que mis momentos de disfrute aumenten, que mis capacidades para hacer varias cosas a la vez, aumenten. Mi capacidad para resolver problemas, mi capacidad para ver distintas formas de abordar una determinada tarea. Son los dos hemisferios de mi cerebro trabajando juntos. Si además comparto estas habilidades, emociones, perspectivas con otros “artistas” , lo hago en grupo, incrementaré mis habilidades sociales. Mi capacidad para trabajar en sintonía, de forma multidisciplinar y multitarea crecerán.

No os parece que todas estas capacidades son geniales para llevar mi trabajo de forma más eficaz. Para ser mejor lider, para trabajar más agusto, para crecer más en la vida. Para ser mejor persona, más solidario…

¿A qué esperas?. Saca el artista que llevas dentro.

      De todos es sabido que la fuerza de voluntad, como su propio nombre indica, es voluble. Es decir, varía hacia arriba o abajo a lo largo del día muchas veces. Unas dependiendo de nosotros, otras de las circunstancias.articulo tabaco semanario

        Así, con motivo de encontrarnos inmersos en la semana internacional sin humo, celebrando el próximo 31 de mayo, el día sin tabaco; os quiero dejar algunas reflexiones fruto de mis casi ocho años acompañando a personas muy distintas en este camino del abandono del hábito tabáquico.

    Como decía más arriba, si la voluntad, es una herramienta voluble, cambiante, el sentido común nos dirá que no es la mejor para abordar el cambio de un hábito, que, también como su nombre indica, es algo que ha sido constante en nosotros, durante muchos años. Por lo tanto, será mejor buscar otras herramientas que aumenten nuestras posibilidades de éxito.

    Los gurús del éxito empresarial hablan de determinación, pasión, experiencia y eficacia. Y después de todos estos años, creo que para cambiar, cualquiera de nuestros hábitos, estas cuatro herramientas también aumentarán en mucho, nuestras posibilidades de conseguir ese objetivo.

     Primero determinación. Herramienta de base sin la que nada se consigue. Si tengo claro lo que quiero, y estoy dispuesto a hacer todo lo necesario para conseguirlo; nada lo impedirá. La determinación parte de una decisión tomada con la única condición de conseguirlo. Es decir, no vuelvo a tomar o repensar la decisión a cada nuevo cambio más o menos esperado de los acontecimientos. Sigo el camino decidido “sí o sí”.

    Segundo la pasión. Pasión por los logros que reforzarán mi autoestima, pasión por las ventajas de una vida independiente, sin ataduras, sin luchas constantes por mi salud o mis apetencias. No es como dice el anuncio, disfruta de tus contradicciones. No estamos fabricados para disfrutar de las contradicciones, sino de las pasiones. De aquello que llena tus minutos y los hace eternos. Del olor que deja un bebé en la casa donde acaba de ser acogido; de los ojos de la persona a la que amas con toda el alma; de la música que te transporta y te hace sentir que estás viva. Dejar de fumar no es perder lo único que te gusta, (como hemos sentido muchos exfumadores); sino abrirte a todo un mundo de pasiones que la vida pone ahí para ti y que son mucho más que el simple alivio de un malestar. (Ya sabes…”el mono”)

         Por último, experiencia y eficacia. Que van unidas de la mano y que se alimentan una a la otra como una perfecta simbiosis que provoca el crecimiento continuo. Buscando la eficacia, es decir, lo que realmente funciona en el camino del abandono de este nocivo hábito; vas descubriendo también lo que no funciona. Llevar el paquete en el bolsillo, tomar la decisión continuamente, hacer caso del apetito y no de la determinación, ponerte fácil fumar, darte la oportunidad de hacerlo si te pones nervioso…(¡no lo dudes, te pondrás, si así lo quieres!).

        Pero lo mejor es buscar lo que sí funciona. ¡Y repetirlo, carallo! Vivir la vida, disfrutar de otras cosas igual de sencillas pero mucho más saludables, salir a pasear con tus hijos o tu pareja, ver esa peli que siempre quisiste ver y no hiciste por falta de tiempo; descubrir esas nuevas pasiones y tenerlas mucho más a mano que el tabaco. Consultar a un profesional de la psicología, de la medicina, de la motivación. Incluso crear tus propias ayudas que de forma eficaz te hagan conseguir este saludable reto. Ayudar y ser ayudado por amigos o familiares, etc.

        Todo va incrementando tu experiencia, tu sabiduría y aumentará las probabilidades de éxito.

           El esfuerzo, con el éxito, habrá merecido la pena. No lo dudes. La vida está llena de posibilidades, de vida. Y el tabaco hace que sólo lo veas a él.

      ¡No te dejes llevar!

IMG_20150518_094838   Os dejo mi artículo de esta semana en el Semanario la Comarca. Espero que lo disfrutéis y comencéis el viaje que os propongo.

Nuestra salud psicológica.

      Hoy día está muy en el candelero la promoción de la salud física. Más que nunca la gente sale a andar o correr casi a diario. Vamos al gimnasio o a nadar dos o tres veces a la semana. Comenzamos a mejorar y equilibrar nuestra alimentación. Cuidamos nuestros dientes, vamos dejando de fumar, etc.

Esto es genial. Está demostrado que siguiendo de esta forma incrementamos nuestra probabilidad de supervivencia y de que esta sea además más satisfactoria hasta en un 50%.

        Pero parece que nuestra salud psicológica no tiene la misma categoría. Al menos dos veces al día cepillamos nuestros dientes durante al menos dos minutos, andamos al menos media hora cada día, nos alimentamos y dedicamos a su preparación varias horas cada día. Si tenemos una herida en nuestra piel, rápidamente la desinfectamos e intentamos tapar con algún método aséptico.

         Sin embargo, cuando sufrimos algún revés en nuestro día, nos enfadamos con alguien, nos sentimos bajos de ánimo, se meten con nosotros de alguna manera y nos sentimos heridos… ¿Buscamos un antiséptico?, ¿nos curamos la herida para que no se infecte y crezca?. En general la respuesta es NO, ¿Verdad?

          También está demostrado que si dedicásemos unos minutos en nuestro día a nuestra salud psicológica, también incrementamos nuestra probabilidad de supervivencia y por supuesto que esta sea mucho más satisfactoria. Incluso prevenimos un montón de enfermedades entre las que se encuentran las cardiovaculares, estomacales, digestivas, colon irritable, etc. Y se mejoran otras muchas que tienden a cronificarse si sólo usamos la medicación como único remedio.

        Así que os propongo un reto para este mes. Al igual que dedicamos cada día al menos 5 minutos al cuidado de nuestros dientes, dediquemos además, otros 5 al cuidado de nuestro salud psicológica.

Feliz es sólo el hombre bien templado, que de hoy se hace dueño indiscutido, que al mañana increparle puede osado: "extrema tu rigor, que hoy he vivido"

         Estas palabras fueron escritas treinta años antes de que naciera Cristo por el poeta romano Horacio. Y en ellas me baso para proponeros mi reto:

         Cada mañana antes de salir para el trabajo, o cada noche antes de ir a dormir, dedica cinco minutos a meditar. Siéntate en un sillón o silla de tu casa. Pon un cronómetro regresivo (tienes uno en tu móvil) en 5 minutos para no estar pendiente de esto. Pon tus brazos sobre tus piernas. Sólo déjalos caer. Concéntrate en tu respiración; en algún punto de tu cuerpo donde te sea fácil sentirla. No la alteres, no intentes hacerla más lenta, no la juzgues. Sólo deja que entre y salga, limítate a sentirlo.

      Con tus pensamientos no hagas nada. No los sigas, ni los impidas. Si alguno te interrumpe, salúdalo. Se amable con él y déjalo pasar, vuelve a concentrarte en tu respiración. Vuelve al presente en ese momento.

Repite esto durante este mes todos los días. Te impresionará el efecto que va a producir en tu día a día.