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niñez y resiliencia

          A casi todos, la niñez nos parece una época sin problemas, sin responsabilidades notables. Especialmente si la vemos desde la vida adulta. Pero la tierna edad por sí sola no ofrece ninguna protección contra los daños emocionales y los traumas que pueden enfrentar niños y niñas. A esto, unimos la escasa o nula educación en salud mental que abordamos en esta sociedad.

        Sí, amigos y amigas, empezando por mí, y observando el común de padres y madres, a través de mi experiencia en escuelas para ellos y ellas; puedo afirmar con escaso margen de error, que en el 90% de las casas, enseñamos a nuestros infantes e infantas a lavarse los dientes cada noche y a echarse algún antiséptico en las heridas pequeñas de la piel; pero no en las del alma, ni a lavarse de emociones negativas antes de ir a dormir.

       Les pedimos a los niños y niñas que enfrenten problemas, como adaptarse a una nueva clase, ser intimidados por sus compañeros, cambios de crecimiento en su cuerpo, perdida de objetos, o mascotas valiosos para ellos y ellas…

      ¿Pero les enseñamos como hacerlo? Si tal vez, ni siquiera nosotros sabemos como lavarnos los dientes mentales de las emociones antes de ir a dormir. ¿Hay alguna casa donde alguno de los adultos no haya padecido problemas de insomnio? Tampoco a nosotros nos enseñaron las herramientas que tenemos los humanos para esto. Y mucho menos enseñarnos a usarlas, claro.

      Hablamos de la resiliencia y de la gestión emocional. La primera, la resiliencia, se describe como la aptitud para aprender y desarrollarse pese a estos desafíos. O más bien dicho, gracias a estos desafíos.

¡La buena noticia es que la resiliencia es una capacidad que puede aprenderse!

         Desarrollar resiliencia, la capacidad para afrontar con éxito la adversidad, el trauma, la tragedia, las amenazas o incluso fuentes importantes de estrés, puede ayudar a manejar el estrés y los sentimientos de ansiedad e incertidumbre. Sin embargo, que los niños sean resilientes no significa que no experimentarán dificultades o angustia. El dolor emocional y la tristeza son comunes cuando tenemos un trauma de importancia o una pérdida personal, o incluso cuando nos enteramos de la pérdida o trauma de otra persona.
      Así, si me permitís dejar la gestión emocional para otra semana, hoy os dejaré cinco formas prácticas para desarrollar la resiliencia en niños y adolescentes:

Enseña a tu hijo cómo hacer amigos, inclusive la capacidad de sentir empatía, o de sentir el dolor del otro. Anímalo a ser amigo para poder tener amigos. Desarrolla sus habilidades sociales, es decir, aquellas habilidades como la cooperación, la empatía, el diálogo, el gusto por trabajar en equipo, etc. Relacionarse con las personas brinda apoyo social y fortalece la resiliencia.

Ayuda a tu hijo o hija haciendo que ayude a otros. Ayudar a otros puede permitir a niños y niñas superar la sensación de que no pueden hacer nada. Anímalos a realizar trabajos voluntarios apropiados para su edad, o pídale ayuda con alguna tarea que él pueda realizar. Se creativo…

Mantén una rutina diaria. Respetar una rutina puede ser reconfortante para los niños, en especial para los más pequeños que anhelan estructuras en su vida. Anima a tu hijo a desarrollar sus propias rutinas, en las que también incluya el descanso y el juego. Son tan necesarios como el trabajo. Los mayores, en esta sociedad, tendemos a dejar el descanso para el final, si queda tiempo. Así nos va… El descanso y el juego debe formar parte de nuestra rutina. No para hacerlo rutinario, sino para que nuestra rutina, incluya también tiempo de juego y descanso. Y en el tiempo de descanso o juego:

Enseña a tu hijo cómo concentrarse en algo distinto a lo que le preocupa. Dese cuenta de las cosas a las que su hijo e hija están expuestos y que puedan ser inquietantes para él o ella; sean noticias, Internet o conversaciones que oyen por casualidad y asegúrese de que su hijo tome un descanso de esas cosas si le causan inquietud. Si bien las escuelas son responsables del rendimiento en exámenes estandarizados, destine un tiempo no estructurado durante el día escolar para que los niños desarrollen su creatividad.

Enseña a su hijo a cuidar de sí mismo. Pero no lo olvides: ¡la mejor forma de enseñar, y la más efectiva para que el otro aprenda es: con un buen ejemplo! Así que dé un buen ejemplo y enséñele a su hijo la importancia de darse tiempo para comer como es debido, hacer ejercicios y descansar. Asegúrate de que tu hijo tenga tiempo para divertirse y de que no tenga programado cada minuto de su vida sin ningún momento para relajarse. Cuidarse e incluso divertirse ayudará a su hijo a mantener el equilibrio y enfrentar mejor los momentos estresantes.

Metas razonables que se construyen paso a paso. Enseña a tu hijo o hija a fijarse metas razonables (es decir: alcanzables por etapas) y luego a avanzar dando un solo paso cada vez para lograrlas. Avanzar hacia esa meta, incluso con un paso muy pequeño, y recibir elogios por hacerlo, hará que su hijo se concentre en su logro en lugar de fijarse en lo que no logró y puede ayudarle a desarrollar resiliencia para salir adelante ante los desafíos.

           Alimenta una autoestima positiva recordando cómo pudo lidiar satisfactoriamente con dificultades en el pasado y luego ayúdelo a entender que esos desafíos pasados lo ayudan a desarrollar la fortaleza para manejar desafíos futuros.

Vivimos encima de una bola de agua, minerales y fuego, que gira a 29.8 km/s. Es decir, que si yo te digo “me llamo rafael muñoz dueñas” y tardo 2 segundos en ello; cuando termino de decirlo, tú y yo estamos articulo6rmd a 60 kilómetros de donde empecé a decírtelo. ¿Te das cuennnn?.

¿Y te has preguntado alguna vez porqué no lo notas?¿Te das cuenta que cuando nos empecinamos en “mantener nuestra posición” durante una conversación; o “nuestra postura” ante algo en la vida; no es más que una idea poco real?

Y puestos a preguntar: ¿te has preguntado porqué el único animal que sobrevive en todos los hábitats de este planeta es el ser humano?. Incluido incluso fuera de este planeta.

Todo esto, y mucho más, tiene que ver con nuestra capacidad de adaptación, aprendizaje y modificación. Es decir lo que se conoce como “resiliencia”. Bonita palabra, que explicada es aún más bella: es la capacidad innata en el ser humano para crecer gracias a las dificultades. Es decir, al adaptarnos a una nueva situación, aprender de ella, modificar nuestro pensamiento, o conducta o hábitos, ¡CRECEMOS!.

Y lo mejor de todo es que esta capacidad es innata en nosotros, en nosotras. Sólo que, a veces, algunas personas, se empeñan en frenar su capacidad. En negar que viajan a casi 30km/s, que todo lo que está encima y dentro de este planeta cambia constantemente. Nosotros cambiamos constantemente, nos guste o no. Y se empeñan en defender ideas que llevan siglos con nosotros y que no han tenido revisión ninguna. En su vida diaria se empeñan en hacer las cosas de la misma forma que siempre. ¿Te suena?: “toa la vida de dios se ha hecho así” (Permitidme poner este dios, tan particular en minúscula). Si, en este mundo en constante cambio llevas más de cinco años haciendo algo, siempre de la misma forma; le estás diciendo a tu cerebro: “ Olvida lo que estás aprendiendo, olvida lo que tú si ves distinto, no crees nuevas conexiones neuronales, deja de aprender”.

Claro, como él no puede dejar de aprender, por más que queramos, aprende a demostrar con un montón de argumentos basados más en nuestra creencia que en la realidad que él ve; que nuestras ideas no están equivocadas. Pero claro, los psicólogos sabemos que esto chirría, que por muy especializado que esté en ver donde no hay, en negar lo inevitable, sigue viendo también lo que hay, sigue sintiendo lo que está en el presente.

No sabéis cuánta ansiedad, cuanto mal humor, cuantas discusiones sin sentido, porque no llevan a ningún sitio…

Todo esta parrafada, y aún no te he dicho lo prometido en el título: “Cómo mejorar mi capacidad de adaptación”. ¿Recuerdas haber visto los ojos de un niño cuando abre un regalo?; ¿cuando aprende a dar sus primeros pasos y corretea por la casa buscando, experimentando?. ¿Lo recuerdas?, ¿lo sientes?. Ahora sólo, úsalo. Cada situación nueva, cada día nuevo, cada situación que se repite, son oportunidades de aprender, modificar y adaptar. ¡Estas creciendo!. No es malo cambiar. No es arriesgado cambiar. Es nuestra forma de crecer como animales y como personas.

Y además chico, chica, ES IMPOSIBLE NO CAMBIAR. Incluso, no hacer nada, nos cambia. Así que vuelve a esos ojos de buscador, de descubridor y crece. Crezcamos.

Un cordial saludo.