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             Escribo estas líneas durante una tarde en la que comienza la Semana Santa de este año. Una semana en la que se mezclan cultura, religión, música, emociones, tradición y elecciones.

          Vaya, ¿la última palabra os ha sorprendido? Durante estas fechas, algunas personas se dedican a discutir o reflexionar en su fuero interno, sobre que es más importante en esta Semana Grande. Al menos en Andalucía. Aquí no tenemos duda de que la Semana Santa es cultura y tradición y como tal se debería potenciar y respetar.

        Pero también es religión, es oración, es fervor por lo que representa la pasión y muerte de Jesús.

IMG-20160323-WA0008              Hay gente que sólo ve la parte musical y representativa, como si de un folklore al estilo de las ferias actuales donde ya se olvido el porqué, y se ha convertido más en un reclamo turístico generador de ganancias monetarias.

        Otros sólo ven una época, parecida a la Navidad en cuanto a las emociones que suscita en los que la vivimos. Emociones de reencuentro con familiares que están lejanos, emociones por tradiciones pasadas de progenitores a descendientes que los relevan en algunas de sus funciones. Olores a incienso, azahar, calles mojadas, cera, que llenan nuestros sentidos olfativos, o gustativos si miramos a la gastronomía típica de estas fechas en cada lugar que visitemos. Emociones visuales al ver el esfuerzo de los portadores o costaleras de los tronos o pasos o la perfecta ejecución de los músicos y músicas que los acompañan. Emociones espirituales efecto de la música, olores, movimientos de pasos, sonidos de esfuerzo; elevándose al cielo como los pasos al inicio de la chicotá, como los humos de los cirios cuando la noche está templá, o los efluvios del incienso en la madrugá.

            Y ahora llega mi elección, tu elección, la de cada uno y una que contempla, siente, huele o piensa esta Semana Santa. Y seguramente tu conducta, tus palabras, tus actos y gestos estarán en consonancia con esta elección.

        ¿Serás de los que quieren quitar esta semana del calendario, si eliges verlo como un incordio a la hora de ir al trabajo por las calles en las que se instalan las carreras oficiales?

           ¿Serás de los que atacan estos actos religiosos porque escoges ver que son sólo una muestra de poder de una religión dominante?

        ¿Serás de los que se frotan las manos al ver el incremento en tu patrimonio con la llegada de los turistas dispuestos, cada vez menos, a pagar por casi todo?

            O serás de los que deciden vivirlo todo, respetar la tradición como tal, aprovechar las oraciones andantes y lanzarlas a tu Dios, aunque no sea exactamente el que está representado en la imagen. Aprender de esta cultura milenaria y disfrutarla porque es única y cada año innovadora e irrepetible. Emocionarte con los seis sentidos: con el oído por la música magistralmente interpretada por agrupaciones y bandas; con la nariz por los olores del incienso y las flores de los pasos; con el tacto al sentir el calor consolador de la cera derretida en tus manos, calmando el frió de la noche; con tu boca al degustar los ricos manjares tradicionales en estas fechas; con tu vista al contemplar la riqueza de estímulos visuales que tiene el paso por la calle de una cofradía en la tarde-noche o en la mañana del final del invierno andaluz.

           Y el sexto sentido. Sí, déjate inundar por el sentido común; que aunque dicen que es el menos común de los sentidos; en estas fechas, verás como, si lo usas; el sentido común te dirá que en ese momento del paso de una cofradía, podrás sentir lo que todo el que te rodea en uno. Un sentimiento común de paz, emoción, oración, música, olores, sabores que te harán sentirte uno con la multitud y por un momento experimentar un sentir multitudinario como si fuese la nota sublime de un coro. Miles de voces a la vez y todas igual de necesarias. ¿Te gusta esta elección? ¿Te unes?

Hacer lo que te gusta

Publicado: febrero 29, 2016 en Articulos, Música, Salud
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Durante estos días he podido disfrutar de un gran concierto de gentes admirables. Antiguos roqueros que aún tocan, cantan y disfrutan haciéndolo como el primer día. O más.

           imageFue una noche donde a pesar de un frio que no había vivido jamás en Sevilla en mis quince años en esa ciudad, disfrutamos de la música y el buen hacer de unas personas que rondaban los sesenta, o más, algunos pero que transmitían con de 20. Y que hicieron que los que estaban allí, experimentasen la misma metamorfosis juvenil que ellos.

         El frío era de juzgado de guardia. La noche y el viento se empeñaban en helarnos hasta las ideas. Manos, pies, caras, todo lo que no estaba abrigado a conciencia tendía a congelarse. Pero la llama viva del rock andaluz de otros tiempos, más viva aún que antaño, calentaba nuestros cerebros para que las notas musicales y las letras de Triana, Alameda y Medina Azahara, surgiesen en nuestras gargantas y calentasen la noche con música siempre viva.

             Los músicos, entrados en años, a pesar del frio, lo hacían de maravilla. Se notaba que disfrutaban a tope. Se calentaban a medida que iban saliendo notas de sus guitarras, bajos, teclados, baterías y letras de lo más hondo de sus almas, para hacernos volar junto a ellos a un paraíso cálido y lleno de luz como es nuestra Andalucía. Esta que al día siguiente celebraría su día de cumpleaños y que aquella noche, o madrugada, se sentía viva como siempre en las notas de estos grandes músicos.

            Hoy, desde estas letras, te propongo que los imites. Que hagas aquello que te gusta. Que lo disfrutes y que lo compartas. Vivimos en un mundo que, como dice uno de los temas de esa noche, ni el tiempo te puede alcanzar. Vamos rápido, muy rápido. Pero no para disfrutar de la Velocidad, sino para hacer más para tener más, para vivir más años, pero tristemente vivir menos. En este concierto había gente llena de años, pero estos estaban llenos de vida. De experiencias vividas a tope. Disfrutadas, reídas, cantadas y tocadas hasta el éxtasis. Y además compartidas. Compartir aquello que disfrutas dobla su poder de vida. ¿Para qué estamos vivos, si no es para vivir?

               Párate, piénsalo, busca aquello que te hace vibrar, compártelo, enséñalo al que viene más joven o inexperto, hazlo gozar con ello. Y demuéstrale, demuéstrate, que viniste a este mundo a vivir, a recopilar momentos de vida que juntos le darán sentido a esta. Juntos harán que merezcan la pena el resto de esfuerzos que haces durante la vida para conseguir aquello que quieres o necesitas.

             Comentando un día con un amigo los planes que teníamos para la jubilación, yo comenté que entre otros, una de mis ilusiones para esos tiempos, era aprender a tocar el saxofón. Mi amigo, que no conocía mi faceta musical, puso una cara de extrañeza, y cuando yo me disponía a preguntarle que si no sabía que era músico de afición, cambió de pronto su cara poniendo un gesto que me dio a pensar que de la sorpresa pasó a la duda.clip_image002

           Cuando le iba a preguntar por ese cambio de cara tan gracioso, el me increpó: ¿tú sabes si cuando te jubiles podrás mover los dedos como para tocar el saxo?. A pesar de mi sonrisa inicial por lo incierto de la edad de jubilación cuando nos toque, en poco tiempo pasé a pensar que llevaba razón. ¿Mis dedos estarían ágiles como para moverse por las teclas de un saxo? ¿Y mi mente como para aprender?

         Hoy, hablando con una amiga, de un amigo, casi hermano, que ya no está, y con el que nos encantaba improvisar excursiones, salidas a castillos, comer juntos, en definitiva, disfrutar de la vida; comentábamos también, que hacer planes para el futuro sobre lo que queremos hacer, porque es importante para nosotros, es estar un poco locos. Aplazar lo importante es arriesgarse a no vivirlo. Es convertirlo en menos importante que lo que hacemos hoy.

             Nos dejamos llevar demasiado por el trabajo diario, las labores que poco a poco van llenando nuestro tiempo y no nos dejan más que vivir con prisas. En la sociedad actual, donde más herramientas tenemos para hacernos la vida más cómoda, es cuando más ajetreados, más incómodos por la ansiedad y más desasosegados vamos a todos sitios. ¡Nos llega a molestar el “lag” en los aparatos electrónicos!

           Queremos ir tan rápido a todos sitios, que todo sea tan inmediato, que nos olvidamos de que vivir es disfrutar del momento. Es hacer eterno el momento presente. Y para eso hay que frenar. No se trata de pararse permanentemente. ¿Pero no nos merecemos unos minutines al día para nosotros? ¿Y para los nuestros? ¿Para que queremos las puestas de sol? ¿Sólo para hacernos un selfie, subirlo a la red y seguir corriendo sin sentir siquiera el calor del sol?

            A veces la vida, con su abrupta manera de enseñarnos, no dice que frenemos, que hay que vivir. Para eso está la vida, para vivirla hoy. El refrán español “no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy”, no sólo se refiere al trabajo, también a comer con tu familia y charlar, a salir con los amigos a disfrutar de un paseo por el campo, a escuchar música u oler las flores, ¡que para eso están, leñe!

                Yo, por mi parte, hoy llevo un año aprendiendo a tocar el saxofón. Y tú, ¿Qué no quieres arriesgarte a no hacer mañana?

       !Qué belleza¡, Me ha puesto los pelos de punta. Y yo que acababa de recordar la peli "El chico del pijama de rayas" por otro correo que me han enviado. !Joder¡ como puede el mismo ser hacer dos cosas tan distintas, como un grupo de personas puede ponerse de acuerdo para alcanzar la belleza en común, y el mismo ser no es capaz de ponerse de acuerdo para evitar que nos matemos unos a otros.
       Nuestro cerebro es increíble. El el mejor, para lo bueno, para crear, para llegar al éxtasis. Pero… también es el mejor para lo malo.

    Tendremos que escoger qué hacemos con él.