Archivos de la categoría ‘Autoestima’

Artículo.

     Recientemente, uno de mis pacientes llega a consulta para dejar de fumar diciendo “oye, que sepas que yo no quiero sufrir”. Yo le pregunto ¿eso es posible?. Él contesta: “es que tengo miedo al sufrimiento”.

   ¿Qué os parece?. ¿No os da la impresión, como a mi, que vivimos en una sociedad donde constantemente nos venden que debemos tener miedo al sufrimiento?, ¿que debemos tener alergia a sufrir? ¡Pierda kilos sin esfuerzo…, domine un idioma sin estudiar…!, Sólo falta que digan: cobre sin trabajar…o coma sin masticar. jejeje.

      Los humanos tenemos un mecanismo de recompensa en nuestro cerebro que se activa justo cuando damos por finalizada una tarea con su correspondiente trabajo, esfuerzo o sufrimiento. Como cada uno lo quiera llamar. Y, además, parece que el refuerzo químico está directamente relacionado con el esfuerzo. A mayor uno, mayor otro.

              Es decir, si renuncias al esfuerzo, parece que renuncias a tu propia recompensa. A lo mejor por ello buscamos tantas recompensas en cosas externas. En tener, en comprar, en comer compulsivamente, en fumar…

          El esfuerzo y su satisfacción interior tras la terminación de éste, aumentan nuestra autoestima, nuestro autoconcepto, nuestra autoeficacia, etc. Un montón de “autos” que te llevarán en volandas a sentirte cada vez mejor contigo mismo, a sentirte cada vez más realizado, más feliz con lo que haces y lo que tienes. (Claro, a lo mejor ahí está el fallo para esta sociedad del “altoconsumo”. El más autosuficiente, más satisfecho consigo mismo, necesita muy poco de fuera, consume muy poco. Y eso fastidia el mercado, claro)dibujos-coches-carreras.gif

         Así, te propongo esta semana que te reconcilies con tu capacidad para el esfuerzo y la recompensa, para el aprendizaje a través del camino. Vuelve a subir montañas para así poder experimentar la sensación de logro.

           Después de un arduo trabajo, de constancia, de horas de ensayo, el músico llega casi al éxtasis cuando tras tocar o cantar el último tema, junto a su grupo es recompensado por el aplauso del público, pero sobre todo por su satisfacción personal por el trabajo bien terminado. No todos somos músicos, pero si todo el o la que haya trabajado y se haya esforzado por conseguir una meta, más o menos pequeña, más o menos intermedia para conseguir otras mayores, puede sentir que ha experimentado este placer por lo bien hecho, por lo terminado.

       Vuelve a disfrutar de ti mismo y de tu esfuerzo. No es tu enemigo, es lo que te da valor como persona ante tu propio espejo.

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           En estos días pasados, dentro de las actividades de un experto en psicología de emergencias que estuve realizando; tuve la suerte de leer el libro “Saber que se puede, 20 años después”. Un interesantísimo libro de Irene Villa. Psicóloga y periodista en la actualidad, pero que, como nos describe en el libro, fue víctima de la barbarie de ETA. Esa banda de asesinos que perdieron el norte de sus vidas buscando ser los dueños del norte de España.

Sin duda fueron y son objeto de muchos odios en muchos lugares de nuestra Schnuffelienchen - Küss mich, halt mich, lieb michgeografía, y seguro que incluso fuera. Odios que, aunque de otra forma, casi todos vemos que surgen en nuestra vida por unas u otras causas. Por unas u otras personas que nos rodean y que hacen algo que no creemos justo, que no nos merecemos, que no entendemos por qué lo hicieron, o lo hacen.

Pero, esta semana, no quiero hablaros del odio, sino del perdón. Porque Irene, la autora de este libro dedica un capítulo de su libro al perdón. Explica muy bien que el perdón no consiste en aceptar y entender al causante y su causa, sino que es más necesario por la afectada misma. Ella debe pasar y quiere, página del rencor, del odio, del deseo de venganza. Todo esto supone un gran gasto de energías para la afectada.

Mantener el odio vivo necesita más leña que el fuego del amor a uno mismo. Y lo peor es que sólo tenemos leña para alimentar un fuego, por lo que debemos decidir cuál alimentar: nuestro amor propio o el odio ajeno. Cerrar el capítulo del odio y la venganza supone una liberación para vivir nuestra propia vida, no la del otro.

A algunas personas les cuesta más perdonar. Aceptar que alguien con premeditación quisiera hacer daño. No han recibido ayuda para ello. No han truncado tanto su vida, como pasó a Irene, como para verse en la obligación de decidir entre echar leña a un fuego u otro. Piensan que pueden seguir echándolo a los dos. Pero esto las consume. Esto las hace que hasta que no den ese paso del perdón, no puedan ver la plenitud de sus vidas. El fuego del odio, quema más al que odia.

Y, como dice la autora, y mi experiencia como psicólogo sanitario o de emergencias me hace ver “… no creo que el tiempo sea el que todo lo cure. Es la mente la que se encarga de hacerlo. Por mucho tiempo que pase, si tu mente no da un giro, no se soluciona nada”.

¿Qué decides tú? ¿Te apuntas a los que deciden vivir su vida libres sin la carga de la persona o la situación odiada?

Hazlo, libérate.

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En un artículo reciente, con motivo del día mundial de la Salud Mental, hablamos sobre esta desde el punto de vista general. Así, que según las reflexiones que compartimos ese día; hoy toca comentar un poco algunos hábitos saludables respecto de nuestra psicología.

Aunque en otros días también dijimos algo de esto, al igual que en la salud física, hay muchas cosas a tener en cuenta. Si todas las personas tenemos básicamente las mismas necesidades físicas, pero también algunas más particulares. Mentalmente pasa lo mismo. Así que hoy compartiremos algunas de estas para aquellos que las quieran asumir como propias y convenientes de trabajar en su día a día.

No tomes tantas fotos. Esto parece incongruente decirlo en los días de los selfies, las cámaras constantes, la monitorización de todo lo que hago durante el día con los wearables, los palitos para autorretrato, etc.

Sin embargo, fruto de mi afición a la fotografía, durante un viaje, me dí cuenta de que estaba más pendiente de hacer las fotos, tener batería y memoria, no dejarme la cámara y el móvil, que de vivir el viaje. ¿De que nos sirve tomar una foto preciosa de nuestro viaje si no disfrutamos de este paisaje?. Cuando luego veamos la foto, meses después, sólo veremos una linda foto, pero no vendrán a nuestra mente las emociones que deberían estar si nos hubiésemos parado a saborear ese paisaje. ¿De que te sirve estar, si no lo vives? ¿De que te sirve el álbum de fotos, si no es un álbum de emociones y recuerdos gratos?

Muévete lo más posible. ¿Pues esto no eran hábitos de salud mental? ¿Lo de moverse no es físico?.
Pues sí, moverse es físico, pero la frase “quien mueve las piernas, mueve el corazón” está incompleta. Lo más realista es “quien mueve las piernas, mueve el corazón y equilibra su emoción”. ¿Acaso seguías pensando que el cuerpo y la mente están separados?

No dejes para mañana… Cuando era pequeño y me decían esto, siempre lo interpretaba como una frase muy exigente. Claro, porque se aplicaba sólo a trabajo y estudio. Pero no veía lo muy razonable que es esta ciudad. ¿Acaso tendrás mañana? ¿Sabes que cada día que pasa aumenta la probabilidad de que sea el último?

Pero claro, esta frase no sólo se refiere al trabajo, sino a tu cuidado personal, a tu alimentación saludable, a salir a correr, a salir con amigos y amigas, a dedicarte unos minutos de tu tiempo para ti, para los que quieres.

Por otro lado también se refiere a la costumbre de llevar cosas pendientes en la cabeza. Nuestro cerebro se siente mucho más cómodo resolviendo que llevando pendientes todo el día. Esto último además de gastar energía inútil, nos produce mucha inquietud y desasosiego, ya que nuestro objetivo es resolverlas.

Claro, me dirás que hay cosas que no se pueden resolver hoy, pero para eso también hay una solución: como dijo el sabio Albert Einstein “no lleves en la cabeza lo que puedas llevar en un papel”. Así podrás dedicar tu cabeza a lo que importa.

Y una cuarta relacionada con las anteriores:

Abandona la multitarea. Con lo tecnológico que dicen que soy mis conocidos, ¿cómo digo esto? Pues por lo mismo que lo anterior. La tecnología es una herramienta, no nuestro director o amo. Eso de hacer tres cosas a la vez, quizá esté bien para cosas sin importancia, pero cuando algo es realmente importante para ti, nuestro cerebro tiene la muy eficaz capacidad de concentración. Es decir, se deshace automáticamente de lo superfluo y se dedica casi en exclusiva a lo importante. Andar disfrutando del paseo, tocar un instrumento y disfrutar de ello, correr sintiendo el aire en la cara.

Así, disfrutarás cuidándote.

¡Anda, ponte con ello! No dejes para mañana…

   De nuevo aquí os dejo mi artículo del semanario “La Comarca”

¿NOS CUESTA DECIDIR?

Esta tarde, una vez más, un anuncio provoca mis ganas de escribir.nos cuesta

     Veo un anuncio de un perrito que pretende decidir por nosotros porque supuestamente "Nos cuesta decidir", según dicen en el anuncio.

          Es cierto que algunas personas que tienen excesivo miedo al error, comentan que les cuesta tomar decisiones y que lo piensan mucho. Pero de hay, a que pretendan que un perro u ordenador, tome decisiones que afectan a nuestra vida por nosotros…, va un mundo.

      Pero, tal como dice el anuncio, realmente a los "humanos nos cuesta decidir"?

        La investigación sobre nuestro cerebro y su capacidad de procesamiento de información y toma de decisiones, no deja duda sobre la altísima capacidad de este para tomar decisiones teniendo en cuenta un montón de parámetros, con muy poco margen de error y en tiempos absolutamente veloces.

         Pero no solo esto, sino que además, en caso de error en su decisión o en la apreciación o valoración de los datos o consecuencias; nuestro cerebro aprende, crece y aumenta la probabilidad de acertar en la siguiente ocasión gracias a estos errores. Así que el error, no sólo que no es malo, sino que nos ayuda a ser cada vez más eficaces.

       Entonces, ¿qué consecuencias tendría si un lindo perrito o algoritmo de ordenador es el que toma las decisiones por nosotros?

            Para empezar, este amigo, ¿tendrá nuestra misma escala de valores? ¿Sabrá que es más importante para nosotrros y nuestra familia? ¿Sabrá que apreciamos más en unas vacaciones?.

          Las emociones que sentimos los humanos, en la mayoría de los casos influyen en nuestra toma de decisiones y luego en la hora de juzgar el acierto o fallo de estas. ¿Los ordenadores tienen emociones?

        ¿Y nuestra intuición? Yo conozco la intuición femenina y la masculina (sí, también tenemos). ¿Habéis oído hablar de la perruna o la cibernética? Creo que no. Jeje.

          Entonces, que capacidades estáis dispuestas o dispuestos a perder o anquilosar o atrofiar, por confiárselas a otros, que además, por muy buenos algoritmos que empleen, nunca seran nosotros.

           Mi sugerencia: confiad e vuestro cerebro. Miles de años de evolución lo han hecho la mejor "máquina"de procesar que jamás ha existido. Ningún ordenador puede procesar datos de tantos receptores, incluir emociones, sentimientos, previsión de consecuencias, previsión de como nos harán sentir esas consecuencias, tener en cuenta nuestras emociones, aprendizajes pasados basados en aciertos y en errores anteriores y darnos una opción acorde con todo eso y con el presente instantáneo que estamos viviendo en el momento de la decisión.

         No dudes en tomar tus propias decisiones crearán tu camino. Tendrá flores, tendrá piedras, pero será el tuyo. Único, personal pero sobre todo auténtico, no habrá otro igual. Ningún otro te hará aprender, crecer y sentirte tan orgulloso o satisfecho, como este. ¡Decide!

 

           Ayer fui a ver una de las últimas películas de animación que podemos ver en lo que aún nos queda de verano. Se trata, como dice el título del artículo, de “Inside out”, en español “Al revés”. Creo que con este título quieren hacer referencia a la extraña sensación que te puede dejar esta película; si no la analizas un poco tras verla.inside out

         Sin embargo me gustaría comentar lo que sí me pareció muy interesante de esta película. En algunos instantes uno tiene la sensación de estar viendo una versión moderna de aquella serie que tanto nos enseñó sobre el cuerpo humano a algunas generaciones “Erase una vez la vida”. Que por supuesto pienso deberían reponer. Mucho mejor que Doraemon. ¡Donde va a parar!

        En fin, en esta sensación que digo antes, estamos cuando nos van describiendo algunas de las partes del cerebro y algo parecido a cómo funcionan, según los últimos estudios que tenemos. La película describe someramente funciones y lugares “funcionales” que según investigaciones y teoría recientes explican el funcionamiento de nuestro cerebro. Lo cual es bastante instructivo. Aunque no del todo preciso. Al fin y al cabo es una peli familiar. Pero puede darnos una idea de cómo funcionamos y sobre todo, algunas cosas que charlar, compartir y aprender en familia.

           Pero, sin duda alguna, lo que más me ha gustado sobre la película; por su aplicación en nuestra vida real, ha sido todo lo que nos enseñan sobre las emociones y lo que nos sugieren sobre la forma de gestionarlas.

          Dividen nuestras emociones en cinco principales con tres de ellas más momentáneas: ira, asco y miedo; y dos de ellas más permanentes y decisivas: alegría y tristeza. Las cinco parece, en la peli, que gestionan todo lo que vivimos y almacenamos en nuestros recuerdos. Ellas van tiñendo estos de uno u otro color según la emoción que lo gobierne. Al principio parece que hay una obsesión por que la alegría sea la gobernante principal, relegando a las demás, especialmente a la tristeza, a un segundo o quinto plano. Parece que para que vivamos solamente alegres. Esto parece que es lo ideal, en la película, pero claro, muy poco real. Por lo que las situaciones de la vida, en un momento, como en la película, pueden hacer que algunas de estas emociones, estén un “tiempo fuera” de nuestra mente, y su capacidad de influir en nuestra gestión de situaciones y recuerdos quede vetada.

            Poco a poco, en la peli, y en nuestra vida real; aprendemos, si nos empeñamos en ello, que todas las emociones son necesarias, que todas son igual de importantes, y que nos interesa que todas participen en nuestra gestión de situaciones y recuerdos. Las situaciones de la vida, son lo suficientemente complejas como para que pretendamos gestionarlas completamente desde sólo una emoción. Esto suele tener consecuencias poco eficaces. Así la película nos muestra como la forma más eficaz de vivir, es usando las distintas emociones, sin descartar ninguna, según las necesidades momentáneas de cada situación que vivimos. Y no quedándonos para todo el día sólo con una. Ya que esto para nada es eficaz.

        Todas son necesarias. ¿Para qué las tenemos, si no fuese así?. El truco está en pensar un segundo, cual es la más eficaz en cada momento y ponerla a trabajar, para luego darle descanso cuando la situación cambia. Que cambia, seguro. Vivimos en constante cambio. Por lo que las emociones, también tendrán que estar en constante cambio si queremos ser eficaces en nuestra vida. Esto facilitará nuestra autoeficacia, autoestima y aumentará la probabilidad de vivir cada día más momentos felices.

           Tranquilas y tranquilos, esta gestión es parte del aprendizaje que tendremos que hacer a lo largo de nuestra vida. No es de un día para otro. Pero con valientes películas como esta, podremos ir teniendo pistas de cómo hacerlo.

          Eso sí, os recomiendo que una vez vista, hagáis una especie de cine fórum familiar para comentar todo lo que cada uno ha sacado de las sugerencias de la película y lleguéis a ideas prácticas para gestión de emociones, como las que nos sugiere la peli y yo os he comentado hoy.

niñez y resiliencia

          A casi todos, la niñez nos parece una época sin problemas, sin responsabilidades notables. Especialmente si la vemos desde la vida adulta. Pero la tierna edad por sí sola no ofrece ninguna protección contra los daños emocionales y los traumas que pueden enfrentar niños y niñas. A esto, unimos la escasa o nula educación en salud mental que abordamos en esta sociedad.

        Sí, amigos y amigas, empezando por mí, y observando el común de padres y madres, a través de mi experiencia en escuelas para ellos y ellas; puedo afirmar con escaso margen de error, que en el 90% de las casas, enseñamos a nuestros infantes e infantas a lavarse los dientes cada noche y a echarse algún antiséptico en las heridas pequeñas de la piel; pero no en las del alma, ni a lavarse de emociones negativas antes de ir a dormir.

       Les pedimos a los niños y niñas que enfrenten problemas, como adaptarse a una nueva clase, ser intimidados por sus compañeros, cambios de crecimiento en su cuerpo, perdida de objetos, o mascotas valiosos para ellos y ellas…

      ¿Pero les enseñamos como hacerlo? Si tal vez, ni siquiera nosotros sabemos como lavarnos los dientes mentales de las emociones antes de ir a dormir. ¿Hay alguna casa donde alguno de los adultos no haya padecido problemas de insomnio? Tampoco a nosotros nos enseñaron las herramientas que tenemos los humanos para esto. Y mucho menos enseñarnos a usarlas, claro.

      Hablamos de la resiliencia y de la gestión emocional. La primera, la resiliencia, se describe como la aptitud para aprender y desarrollarse pese a estos desafíos. O más bien dicho, gracias a estos desafíos.

¡La buena noticia es que la resiliencia es una capacidad que puede aprenderse!

         Desarrollar resiliencia, la capacidad para afrontar con éxito la adversidad, el trauma, la tragedia, las amenazas o incluso fuentes importantes de estrés, puede ayudar a manejar el estrés y los sentimientos de ansiedad e incertidumbre. Sin embargo, que los niños sean resilientes no significa que no experimentarán dificultades o angustia. El dolor emocional y la tristeza son comunes cuando tenemos un trauma de importancia o una pérdida personal, o incluso cuando nos enteramos de la pérdida o trauma de otra persona.
      Así, si me permitís dejar la gestión emocional para otra semana, hoy os dejaré cinco formas prácticas para desarrollar la resiliencia en niños y adolescentes:

Enseña a tu hijo cómo hacer amigos, inclusive la capacidad de sentir empatía, o de sentir el dolor del otro. Anímalo a ser amigo para poder tener amigos. Desarrolla sus habilidades sociales, es decir, aquellas habilidades como la cooperación, la empatía, el diálogo, el gusto por trabajar en equipo, etc. Relacionarse con las personas brinda apoyo social y fortalece la resiliencia.

Ayuda a tu hijo o hija haciendo que ayude a otros. Ayudar a otros puede permitir a niños y niñas superar la sensación de que no pueden hacer nada. Anímalos a realizar trabajos voluntarios apropiados para su edad, o pídale ayuda con alguna tarea que él pueda realizar. Se creativo…

Mantén una rutina diaria. Respetar una rutina puede ser reconfortante para los niños, en especial para los más pequeños que anhelan estructuras en su vida. Anima a tu hijo a desarrollar sus propias rutinas, en las que también incluya el descanso y el juego. Son tan necesarios como el trabajo. Los mayores, en esta sociedad, tendemos a dejar el descanso para el final, si queda tiempo. Así nos va… El descanso y el juego debe formar parte de nuestra rutina. No para hacerlo rutinario, sino para que nuestra rutina, incluya también tiempo de juego y descanso. Y en el tiempo de descanso o juego:

Enseña a tu hijo cómo concentrarse en algo distinto a lo que le preocupa. Dese cuenta de las cosas a las que su hijo e hija están expuestos y que puedan ser inquietantes para él o ella; sean noticias, Internet o conversaciones que oyen por casualidad y asegúrese de que su hijo tome un descanso de esas cosas si le causan inquietud. Si bien las escuelas son responsables del rendimiento en exámenes estandarizados, destine un tiempo no estructurado durante el día escolar para que los niños desarrollen su creatividad.

Enseña a su hijo a cuidar de sí mismo. Pero no lo olvides: ¡la mejor forma de enseñar, y la más efectiva para que el otro aprenda es: con un buen ejemplo! Así que dé un buen ejemplo y enséñele a su hijo la importancia de darse tiempo para comer como es debido, hacer ejercicios y descansar. Asegúrate de que tu hijo tenga tiempo para divertirse y de que no tenga programado cada minuto de su vida sin ningún momento para relajarse. Cuidarse e incluso divertirse ayudará a su hijo a mantener el equilibrio y enfrentar mejor los momentos estresantes.

Metas razonables que se construyen paso a paso. Enseña a tu hijo o hija a fijarse metas razonables (es decir: alcanzables por etapas) y luego a avanzar dando un solo paso cada vez para lograrlas. Avanzar hacia esa meta, incluso con un paso muy pequeño, y recibir elogios por hacerlo, hará que su hijo se concentre en su logro en lugar de fijarse en lo que no logró y puede ayudarle a desarrollar resiliencia para salir adelante ante los desafíos.

           Alimenta una autoestima positiva recordando cómo pudo lidiar satisfactoriamente con dificultades en el pasado y luego ayúdelo a entender que esos desafíos pasados lo ayudan a desarrollar la fortaleza para manejar desafíos futuros.

Mi artículo de la comarca de esta semana.

pienso      El tradicional dicho era “pienso, luego existo”. Pero este dicho nos ha llevado a la sociedad occidental a pensar que “somos lo que pensamos”.

          Así, tendemos a identificarnos con nuestros pensamientos. A creer que somos como pensamos. Sin darnos cuenta, que nuestros pensamientos sólo son un producto, entre otros, de nuestro cerebro. Si nos damos cuenta de esto, de que podemos ser los que deciden sobre lo que piensan, y no los que son lo que piensan; tendremos un gran poder sobre ellos y las emociones que nos producen. Mayor será la habilidad para concentrarnos en lo que nos importa o necesitamos, y no en lo que pensamos.

        Rumiar pensamientos provoca incremento de la ansiedad, ineficacia y enfermedad mental.

            Alguien dijo que deberían habernos hecho la cabeza triangular, para que no fuese posible dar vueltas a los pensamientos. Más allá de la anécdota. Rumiar, es decir remasticar pero no digerir; o dar vueltas a nuestros pensamientos; lo único que podría y suele producir, es mareo y dolor de cabeza.

          Sería mucho más eficaz escribirlo. El papel, al ser plano, nos obliga a ordenar las ideas y las palabras. Nos obliga a poner unas detrás de otras, no unas sobre otras. Cómo sí hace nuestra cabeza.

            Al pasarlas a papel, podemos incluso ponerles puntuación, clasificarlas, ordenarlas temporalmente. Es decir, podremos trazar un plan de trabajo en función de las más importantes, más necesarias, con vencimiento y según la oportunidad de trabajar en cada una de ellas. También veremos que parte de responsabilidad es mía y que parte de otros en cada una de ellas.

              Programar teniendo en cuenta lo anterior, estando esto ordenado sobre el papel y categorizado, es más sencillo y eficaz que cuando todo se amontona en nuestra redonda cabeza. Todo se mezcla; aparece y desaparece. Se hace más importante por momentos y luego menos. Y todo ello a velocidad de vértigo. Deja de empeñarte en ello. No es que no tengas capacidad, es que no la usas de forma eficaz.

          Saca las cosas de tu cabeza. Toma distancia. Programa sin trampas. Luego sólo tendrás que ser lo más fiel a tu programación posible.

        Por cierto. Programa semanalmente, no diariamente. Cuando lo haces por  semanas es mucho más sencillo encontrar huecos para casi todo. Hay ciertas cosas que hay que hacer, que son importantes, que tienen plazo; pero que el tiempo que requieren no cabe en hoy. Pero seguro que a lo largo de una semana si.

Y si te ves apurado, siempre tienes la opción de programar al revés. ¿Cómo es esto?. Fácil, te explico:

           ¿A qué hora entras a trabajar por la mañana?. Supongamos las 8h

          ¿Cuánto tardas en tu aseo y en llegar al trabajo? Una hora. Las 7h

          ¿Cuánto necesitas dormir? 8 horas. las 23.00h

          ¿Que haces antes de dormir y cuanto te lleva? Hacer la comida del día siguiente, cenar y relajarme. 2 horas y media. Las 20.30h

          ¿A qué hora sales de trabajar y terminas de comer cada día?. 17.00h

     “Eah. Pues ya sabes que cada día puedes obtener 3 horas y media para el resto de cosas”. ¡Hey, tres y media, no salen cuatro!. ¡Ni tampoco salen horas de 100 minutos! No intentes hacer trampas con esto, que el reloj es de acero y no se estira.