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Navidad y las ausencias

Publicado: diciembre 25, 2015 en Emociones, Muerte, Navidad
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En mi trabajo como psicólogo, las navidades son especialmente intensas en cuanto a la cantidad de personas que consultan sobre como vivirlas cuando las ausencias de los seres queridos se hacen especialmente notables.

        Unos vivimos estas fechas como una época de especial ilusión, de reencuentro, de dedicación a la familia más o menos allegada pero siempre querida. Durante el año las obligaciones nos hacen postponer según que cosas con la familia. En estas épocas se da una especial predisposición a llevarse bien.

               Sin embargo, hay otras personas que estas épocas donde televisiones, comercios, ambiente creado para el gasto y la aligeración de las normas en cuanto a alimentación, ahorro y demás, sólo le produce una importante desdicha. Incluso las hay que hablan de odiar la Navidad. Entre otras situaciones, la mayoría de estas personas ven en estas fechas, un período del año que les recuerda a las personas que ya no están en sus vidas. Ausencias más o menos superadas, pero que en Navidad se hacen especialmente notables para ellas. Nos reunimos en la mesa para cenar, y no ven los asientos llenos, sino los vacios. Y estos vacíos se vuelven tan grandes, tan inmensos, que eclipsan cualquier destello de las luces del portal, del árbol, de los escaparates, o de la mirada de niños y mayores que sí están. clip_image002

           Así, muchas personas que no se resignan a este malestar sobrevenido, sólo porque llegan estas fechas, preguntan cómo solucionarlo. ¿Cómo superar estas fechas? Superar esto tiene mucho que ver con cómo superar casi cualquier pérdida de nuestras vidas.

              Debemos saber dos cosas antes de nada: Primero que lo del tiempo lo “cura todo” es una falacia. Es decir, no es cierto. Al igual que si tu dejas tus herramientas de pintura, por ejemplo, junto a tu lienzo, el tiempo no te pinta tu cuadro, tampoco lo hará con tu duelo por tu persona querida. Es lo que haces con tus herramientas, durante ese tiempo, lo que llegará a pintar tu cuadro o a superar tu duelo. Lo segundo, tiene que ver con estas herramientas de las que hablo. Nuestra constante capacidad de aprender, nuestra capacidad para crear, para recordar, nuestras emociones como la tristeza, el coraje y la alegría son las herramientas con las que contamos para superarlo. Nuestro trabajo con ellas marcará el tiempo que necesitamos para poner en un nuevo lugar a aquellos que hace poco estaban a nuestro lado físico y ahora no.

            Se impone cambiar nuestra actitud de ver que me falta de esa persona que ya no está, por la de ver que queda de ella y como vivir con ello. Y con lo que queda, no me refiero a sus cosas, sino a lo que el paso de esa persona por el mundo, por mi vida, ha dejado en mí. Aquello que me enseñó, o que aprendimos juntos. Aquellos momentos vividos y que me han convertido en lo que ahora soy. Incluso las bromas o chistes que contaba y que nos hacían reir. Contar esos chistes, provocar risas en quien nos rodea, ¿no sería una forma de transmitir la alegría que nos dejó? ¿No sería el mejor homenaje que podemos hacerle? No es la mejor forma de hacer que siga vivo. Cada vez que nos fijamos en su muerte, lo mantenemos muerto. Si nos fijamos en su vida hacemos que perdure.

               Cada vez que suena “Imagine” Lennon está más vivo que nunca. O Camarón, o Joaquín Rodrigo, Ravel. Cada vez que hago ganchillo, o que mi hermano pinta un cuadro, es traer a nuestra abuela al presente. Estamos haciendo algo que nos enseñó. Algo que hace que pensemos en ella como alguien vivo en nosotros, como alguien de quién sentirnos orgullosos, alguien con quien queremos compartir una Navidad más y el resto de nuestra vida. Aunque su silla esté vacía, nuestros corazones, nuestras paredes o el mantel con el que comemos en Navidad, están llenos de ella.

          Y aquí está tu elección. Empeñarnos cada día, cada duro día al principio; en vivir con ellos, o vivir con su ausencia. Las dos decisiones son respetables. Las dos son humanas. Una nos llevará a un sitio a través de un camino y la otra a otro por otro sitio. Los dos caminos los caminaremos, seguro. Seguir igual, ya es una elección sobre la que también caminas y también te lleva a un lugar. ¿Tú cual eliges?

           Yo, por mi parte, me quedo con la primera: VIVIR CON ELLOS, NO CON SU AUSENCIA.

          ¿Nos ponemos con ello? ¿Nos proponemos que el tiempo de este nuevo año que llega en unos días, sea tiempo de trabajo para que la próxima Navidad, sea bienvenida? ¡Venga, vamos!

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     Al finalizar estos días de Navidad, en los que siempre hay opiniones encontradas sobre sentimientos; gente a la que no le gustan estas fechas, pues le trae malos recuerdos, gente a la que le parecen sólo fechas comerciales, gente que disfruta de días de descanso y gente para la que la Navidad es la renovación de la bondad del ser humano; todos tenemos razones para sentirnos bien y mal durante estas fechas.OLYMPUS DIGITAL CAMERA

     Quizá igual que en el resto del año, pero con más intensidad. Parece que la diferencia entre unos y otros, no está en las razones que tengamos, sino en el valor que le demos a esas razones. Lo que importen para nosotros esas situaciones o hechos, generalmente del pasado. Los humanos tendemos a creer que lo que vemos lo vemos así, poque es así. Olvidamos que nuestro cerebro lo interpreta todo, lo filtra todo, incluso lo recompone y añade trozos que le parece que faltan para que lo entendamos mejor. Mejor según nuestro pasado, claro.

    Y en esto nos perdemos los humanos, damos importancia o se la quitamos a los hechos que en sí, sólo son lo que son, situaciones pasajeras. Ahora pues, viene mi reflexión y mi pregunta intentando usar la más pura lógica aristotélica basada en ciertas premisas que yo veo:

  • Esta vida e muy corta
  • Sabemos, o deberíamos saber, que nuestro cerebro interpreta, por lo tanto es dudoso.
  • Tenemos dos opciones: ser felices o ser infelices en este poco tiempo que estamos aquí.
  • La importancia de las cosas, sólo depende de lo que cada uno pensemos de ellas y de como las valoremos.

     Ergo: si yo quiero ser feliz, sabiendo que lo que mi cerebro me hace ver, está en consonancia con lo que yo valoro, debo valorar más aquello que me hace feliz, que aquello que no me hace. Convertir en más importantes los detalles que hacen que me sienta mejor, que consiga mis metas, que haga feliz a los que me rodean y por lo tanto a mí también (ya que somos seres sociales) debería ser mi objetivo. Mucho mas que fijarme y dar importancia a aquellos acontecimientos, situaciones o actos de personas, que me hacen sentirme mal. Y así, aprender a relativizar y canalizar mis emociones negativas para que dejen en mi pasado la menor huella posible. Es lo que hacen los guijarros del arroyo cuando se pulen para amoldarse a la corriente, o lo que hacen los árboles al doblarse para dejar pasar el viento y seguir vivos más tiempo. Empecinarnos en lo contrario, sólo hará que nos rompamos, que nos arrastre la corriente o que nos tronchen los vientos de la vida, o, como poco, que nos llene de cicatrices que nos harán cada vez menos flexibles y adaptables.

       Y el ser humano, sigue en el mundo por su gran capacidad de adaptación y aprendizaje, no por mantenerse pétreo desde que nace hasta que se muere.

      Pensemos y cambiemos, es un paso más.